Make your own free website on Tripod.com
Muchas veces hemos oído las palabras atonal, serialismo, música contemporánea, electrónica, concreta, estocástica,... y así un sin fin de términos, muchos de los cuales sólo conocemos de forma superficial

El dodecafonismo es un ejemplo. La crítica y sus contrarios han hecho que no nos acerquemos a la música dodecafonista con el interés que esta merece. Hasta principios de siglo, pocos eran l@s compositor@s que se saltaban las reglas tonales. En el sistema musical occidental mantenemos 24 escalas tonales contando los modos mayores y menores. Cada escala comienza por una nota (la que da el nombre a la escala) denominada tónica. Alrededor de esta ha girado la música en Occidente durante siglos.
A la hora de construir una obra musical, el/la compositor@ montaba sus pilares básicos sobre la tónica, la dominante (quinto grado de la escala) y la sensible o subtónica (séptimo grado de la escala).

Ya en el siglo XIX el genio creativo de algunos llevó a la búsqueda de la disolución tonal, es decir, que tónica, dominante y grado VII pasaran desapercibidas para l@ oyente de tal forma que se disolviera la tonalidad (Wagner por ejemplo).
Pero no es sino en el s. XX cuando se produce la verdadera ruptura.

Fue Arnold Schonberg el encargado de inventar un nuevo estilo compositivo y una nueva escuela. la 2ª escuela de Viena.
Schonberg indagó en las leyes de la armonía quizás algo aburrido ya de tanta consonancia y/o disonancia preparada y resuelta -es decir, acordes de 2 o más notas que suenan mal (crean tensión) y enseguida caen en otro que suena bien (consonante) recuperando así la tranquilidsad l@ oyente-, creando un nuevo sistema para combinar los sonidos.
En este, el Dodecafonismo, no seguimos el esquema habitual tónica-dominante-... Todos los sonidos son iguales, es el marxismo musical, ordenados según una serie inventada por l@ compositor@.
Sobre este, l@ autor@ hará 3 cambios, denominados retrogradación, inversión y retrogradación de la inversión. Esto significa que la serie puede ser utilizada comenzando por el final (el primer sonido será el último y viceversa -retrogradación) y ambas series, la original y la retrógrada, pueden ser invertidas -esto es, combinando sus notas en movimiento contrario: si la primera sube, esta baja en igual número de tonos y semitonos).

Buen ejemplo de ello es la obra que populariza a Schonberg en la década de los 20 Pierrot Lunaire, y posteriormente su op. 25 Suite para piano.

Ciertamente estas nuevas sonoridades rompen drásticamente con nuestros acomodaticios oidos, y si aún hoy resulta difícil para lña gran mayoría ¡imagínense en tiewmpos de Schonberg!.
El mismo en 1924 dirá No me pueden entender y me contento con que me respeten, y defendiendo el nuevo estilo en 1941 diría [El dodecafonismo es] un método de composición con doce sonidos, unicaente relacionados entre sí. Este método consiste en esencia en el uso constante y exclusivo de un grupo de doce sonidos diferentes [...] No es un sistema, sino sólo un método, que quiere decir un modus de aplicar con regularidad una fórmula concebida de antemano.

Pero no fue del todo incomprendido. Alban Berg y Anton Webern siguieron al maestro buscando incluso, el primero sobre todo, no sólo la evasión de la tonalidad sino la trasgreción y ruptura del ritmo, creando series ritmicas de igual modo que se creaban las series sonoras, de matiz,... rompiendo definitivamente toda atadura.
 
No podemos caer en la crítica fácil y creer que por romper con las normas es un arte anárquico , alógico, en el que prima el todo vale. Sería tanto como decir que la pintura abstrracta son sólo manchones de tinta en un lienzo. Pero sí debemos aprender a comprender la música dodecafonista o serielista contemporánea. O al menos, debemos intentar darle una oportunidad para que nos acostumbremos a esas nuevas sonoridades. Teniendo en cuenta que sólo hace 70 años que irrumpieron en el panorama musical,...