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Havergal Brian on Music
Volume One: British Music
 
Brian, Havergal. On Music, Volume One: British Music. Malcolm MacDonald, ed. London: Toccata Press. 1986. 438 pp. ISBN 0-907689-20-5.
 
    Supongo que la mayoría de las personas ven el paisaje cultural como un feudo - una
torre alta que representa al gran artista, dominando una llanura habitada por todos los demás.  Hablamos de la época de Beethoven o quizás de Brahms y Wagner o Haydn y Mozart y de esa forma obtenemos una visión más bien equivocada de lo que realmente fue.

    Gran Bretaña durante un largo perídodo de tiempo fue peculiarmente susceptible a la incapacidad para sostener más de un compositor en su cima en un momento histórico.  Elgar eclipsó a sus contemporáneos.  Vaughan Williams oscureció la luz de varios compositores interesantes.  Britten hizo lo propio, enviando al olvido incluso a figuras tan formidables como Walton y Tippett.  Gran Bretaña, por supuesto, no está sola en esto.  Por alguna razón, las personas necesitan saber quién es el
Absolutamente Grande, en lugar del meramente maravilloso.
 
El concepto de "mejor absoluto" no tiene casi ninguna atracción estética para mí.  Más lejos incluso, yo lo encuentro sin ninguna consecuencia práctica. Si yo escucho sólo al Absolutamente Grande, acabaré escuchando un sólo un trabajo, lo cual no resulta nada gratificante.  Yo veo a los compositores buenos como individuos. En mi ignorancia, yo tengo a Vorisek como un compositor fabuloso cuya música me da algo que me gusta y que otro compositor no me proporciona.
 
Havergal Brian vivió durante uno de los periodo más vitales de música británica, lo que los estudiosos denominan el Renacimiento británico y que tienden a fechar en la época en que vivieron Parry y Stanford.  Los buenos compositores cubrieron todo el planeta, y no sólo los nombres grandes: Delius, Ireland, Pontean, Holst, Leigh, Chagrin, Cooke, Goossens, Bax, Arnold, Alwyn, Addison, Leighton, Rubbra, Berners, Clarke, Joseph,Dyson, Sorabji, Smyth, Foulds, Scott, Maconchy, Grainger, Jacob, Frankel, Searle, Rawsthorne, Maw, y el propio Brian, y la lista sigue.  Brian reconoció el genio de Mahler y de  Bruckner de forma muy temprana.
Al borde siempre de la pobreza, Brian vivió de su sueldo de periodista musical y de copista.  El periodismo le proporcionó entradas gratis para los conciertos, y el presente libro prueba que él fue a tantos como pudo.
 
 
Este libro documenta los pensamientos de un buen compositor sobre sus contemporáneos
compatriotas.  Brian escribe vivamente, si no con una prosa especialmente distinguida, sí con un ritmo muy ameno.  La revisión está a cargo de Malcolm MacDonald, celoso incluso en la tarea ingrata de verificar fechas y programas, ya que Brian confió en su memoria para escribir de eventos que tuvieron lugar varias décadas antes.
 
Algunos de los artículos de Brian penetran hasta el corazón de ciertos trabajos.  Yo nunca he leído una crítica más profunda de la Sinfonía Pastoral de Vaughan Williams dede las de Michael Kennedy. La sinfonía sigue siendo uno de las obras de Vaughan que menos se acomodan al nuevo oyente.  Los artículos sobre Delius dejan bien patentes los puntos en los que descansaba la atracción de Brian por la música de Delius.  Los artículos sobre Elgar
son particularmente interesantes porque narrab cómo un viejo compositor forastero del Norte intenta introducirse en el poderoso mercado cultural londinense.  Incluso aquí se aprecia el basto conocimiento musical de Brian, al abarcar obras tan poco conocidas como The Black Knight y The Apostles.  Los artículos muestran el conocimiento profundo de Brian
en estos temas, pero sin abriumarnos con cifras y ejemplos musicales, aunque él disponía del suficiente conocimiento para hacerlo.
 
Dos de los preferidos de Brian - Granville Bantock y Josef Holbrooke -
no han sobrevivido al paso del tiempo.  Yo encuentro la música de Bantock sobrecargada y
un poco "de invernadero", aunque admito que su molesta personalidad molesta e inestable podría influir mi recepción de su música.  O quizás su música me aburre simplemente.  Dese luego, yo no he oído casi tanto como Brian de la música de Holbrooke, pero sin conocerlo al nivel que lo conocía Brian.  "Apolo and the Seaman" (si Holbrooke hubiera tenido sentido del humor hubiera evitado ese título) me proporciona menos satisfacción que casi cualquier canción de Warlock.
 
Con todo, la visión de Brian sobre la música británica me impresiona por su amplia espectro visual.  Él sabe lo qué está pasando obviamente en el resto de Europa y ha recogido mucho de él.  Así, nosotros conseguimos un oulook más ancho que cualquier facción particular, círculo de amigos, o manifiesto.  Toccata Press planea seis volúmenes, con el segundo volumen consagrado a las escrituras de Brian sobre la música contemporánea en el continente.  Yo espero el juego entero.

 
Steve Schwartz